
Tengo poder para hacer milagros: estamos viviendo la era de la tecnología y todo lo que conlleva esta realidad, pero desde mi perspectiva nos hemos olvidado de lo más importante, que es enseñar a nuestros hijos a realizar milagros.
La vida de cada ser humano, e incluso de toda la creación, es para hacer milagros.
Ya basta de esperar a que Dios haga milagros espectaculares, a que arregle nuestras vidas.
Pienso que cada uno de nosotros en la vida cotidiana podemos llenarnos de pequeños detalles que no son otra cosa que milagros.
Al leer la Biblia encuentro un sin número de milagros, medito y llego a la conclusión que más prodigioso que multiplicar los panes, es el hecho de saberlos distribuir con equidad y justicia.
Nos impresiona el cambio del agua en vino cuando lo milagroso está en cambiar el egoísmo reinante en fraternidad; en construir cada día un milagro de amor.
Estos son pequeños detalles que desde nuestra vida cotidiana transforman a la sociedad.
Autor: Dr. Fernando Buñay
Cuenca, Ecuador.
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