Después de observar a mi alrededor (desde que soy plenamente consciente de mi efímera existencia en este lugar que desconozco) puedo decir con certeza, que si Dios existiera, hubiera trabajado arduamente para crear algo más grande y más complejo que el Universo, y luego, sin más, se hubiese ido a descansar, completamente convencido de que tuvo un éxito rotundo al fabricar una maquinaria perfecta.
Claro, esto en el supuesto caso de que existiera... y no le asaltaran dudas de repente, que lo hagan distraerse de su empeño por ser feliz.
Si Dios
existiera, de seguro hubiera creado un sistema de reproducción infalible, que no necesitara de algo más que los deseos naturales de reproducirse.
Creo que si Dios existiera, ese sistema de reproducción fuera absolutamente autónomo a la hora de multiplicarse. Sería un sistema tan sofisticado que podría elegir cómo y dónde procrearse. Así tal vez muchos -si no todos- los seres vivos tuviéramos la maravillosa oportunidad de ser diferentes y una que otra vez pudiéramos admirar al otro, aprender del otro, respetar al otro, amar al otro... porque comprendiéramos que aunque diferentes, venimos todos de una misma fuente.
Tengo el convencimiento de que si Dios existiera hubiera dejado que dos polos opuestos formaran parte de un mismo organismo. De esta forma lo positivo y lo negativo tendrían la oportunidad de equilibrarse a sí mismos.
Si Dios existiera estuviera observando cómo juegan lo frío con lo cálido, la luz con la sombra, lo grande con lo pequeño, lo "malo" con lo "bueno", tratando siempre de probarse a sí mismos que son capaces de mantenerse vivos a pesar del otro, y al mismo tiempo gracias a la existencia de ese otro, que aunque siendo su opuesto, le es absolutamente necesario para continuar evolucionando, si así deseara hacerlo.
Si Dios
existiera hubiese sido capaz de permitir que el libre albedrío fuera un
perfecto método de aprendizaje, de esta manera, si te equivocas, no tendrías oportunidad de culpar a alguien más.
Si Dios
existiera no le hubiese dado dos almas a un solo cuerpo, sino que dejara que una sola alma en un solo cuerpo se peleara consigo misma durante toda su existencia, logrando a veces reconocer que si no es capaz de amarse a sí misma, no podría nunca amar a ninguna otra alma.
Si Dios existiera hubiera inventado lo infinito, justo para no tener que interrumpirse teniendo que comenzar de nuevo a cada instante (qué fastidio tener que detener la diversión para ocuparse de algo tan aburrido).
Si Dios existiera permitiría que creyéramos en el error, para que tuviéramos la potestad de corregirnos, una y otra... y otra vez.
Si Dios existiera hubiera creado el sonido y el silencio, pero también múltiples formas para que cualquier ser vivo pueda comunicarse con todos los demás seres vivos, siempre y cuando preste suficiente atención.
Si Dios existiera tal vez quisiera vernos reír, no del otro, sino con el otro y para el otro. Lo más probable es que también le hubiese gustado que todos los seres vivientes conviviéramos en armonía perfecta, comprendiendo que en la visita que se nos dispensa a este planeta, se nos presta un traje que pronto tendremos que devolver.
Si Dios existiera nos diera la oportunidad de comprender que además de pensar también podemos sentir. Nos preguntara Dios -sólo si existiera-: ¿Podrías detener tus pensamientos y dedicar un poco de tu valioso tiempo sólo a sentir?
Si Dios existiera hubiese inventado la felicidad y la tristeza, pero además nos hubiese obsequiado la potestad de decidir cuál de las dos sería nuestra compañera de viaje.
Si Dios existiera hubiera permitido que un humano creyera más en la fuerza de otro humano, en vez de en la fuerza de sí mismo. Esto sólo para comprobar una y otra vez que el miedo a algo llamado muerte, es lo que a muchos los hace verdaderamente sensatos, aunque sea en el último segundo antes de abandonar un traje llamado cuerpo.
Si Dios existiera nos hubiera dado la capacidad para mirar más con el corazón que con los ojos. Tal vez así decidiéramos pensar antes de hablar y sentir antes de actuar.
Si Dios existiera quizás nos hubiera hecho recordar que para ser feliz no necesitamos más que ser nosotros mismos, pues cada uno de nosotros es único e irrepetible, pero además, absolutamente necesario en el tiempo que corresponde seguir aquí, en uno de los lugares que -si Dios existiera- hubiera creado, como parte de algo más grande y más poderoso que el Universo.

